El “efecto contagio”, el papel del cerebro y otros factores implicados en la obesidad

No hay fórmulas mágicas: solemos engordar porque comemos, en general, más cantidad de la que necesitamos (y, además, alimentos muy calóricos) y nos movemos más bien poco. Esta es la realidad -cruda y dura- que subyace a la mayoría de los problemas de sobrepeso. Pero además, hay otros factores, sobre todo en el caso de la obesidad, que pueden explicar, entre otras cosas, el sempiterno dilema de que por qué si dos personas comen lo mismo una gana peso y otra no, o el papel que juegan órganos, en apariencia tan alejados del sistema digestivo como puede ser el cerebro, en nuestros kilos de más. Estas son algunas de las cuestiones que se abordaron durante la celebración del XIV Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Uno de los debates más interesantes giró en torno a la pregunta: ¿puede ser contagiosa la obesidad? Así, y durante la conferencia inaugural del Congreso, el doctor Albert Goday, vocal de la Fundación SEEDO, señaló que hay estudios de amplias muestras de población que demuestran que si una persona sufre obesidad es mucho más probable que las personas de su entorno más cercano también la sufran. “En parte, esta agregación podría estar causada simplemente por la agrupación entre personas ya previamente obesas que comparten afinidades, pero otras evidencias científicas indican que también existe un ‘efecto contagio’, de convertir a un sujeto normopeso en obeso simplemente por el hecho de estar relacionado estrechamente con una persona obesa“. Goday explicó también que, en las enfermedades infecciosas, el hecho de conocer los mecanismos de transmisión permite planificar estrategias preventivas. “Por analogía, si identificamos con precisión mecanismos de ‘contagio’ de la obesidad, tal vez podríamos prevenirla”.

Por otra parte, el efecto ‘contagio´también se observa en el tratamiento de la obesidad, según este experto: “Diversos estudios han demostrado que cuando se prescribe un tratamiento de la obesidad a una persona, el efecto sobre la mejoría de los hábitos de vida saludable y la pérdida de peso se observa o ‘contagia’ también en su entorno. Esto es lo que se denomina ‘efecto halo’, y ha sido demostrado en distintas opciones terapéuticas de la obesidad. Estamos desarrollando distintos proyectos en este sentido que permitirían plantear tratamientos más coste-efectivos de esta enfermedad. En definitiva, tanto en la fisiopatología como en el tratamiento, el entorno de la persona que sufre obesidad condiciona intensamente la evolución de la enfermedad“, afirmó.

Otra cuestión analizada en este encuentro fue el papel que juega el cerebro en el desarrollo de la obesidad. Y es que las evidencias demuestran que la regulación del peso corporal depende de la interacción del cerebro con los órganos del resto del cuerpo. “El fallo de la comunicación entre el cerebro y la periferia puede provocar alteraciones metabólicas importantes. De hecho, el cerebro puede controlar de manera directa el metabolismo de la grasa, del hígado o del músculo, entre otros”, señaló el doctor Rubén Nogueiras, director del Grupo de Metabolismo Molecular  del Cimus e investigador del CIBEROBN, quien explicó que algunos de los escasos fármacos aprobados actualmente para tratar la obesidad funcionan a través de estos mecanismos integradores del cerebro.

 

CEREBRO, ESTÓMAGO Y MICROBIOTA

  • -La conexión entre el tracto gastrointestinal y el cerebro en el caso de la obesidad fue otro de los temas tratados en el Congreso. La doctora Luisa María Seoane, investigadora del CIBEROBN, explicó cómo el grupo de investigación que lidera ha trabajado en la identificación de potenciales dianas terapéuticas derivadas del tracto gastrointestinal y sus mecanismos de acción con el fin de mantener el peso corporal dentro de los límites saludables, y también en el estudio de cuáles son las hormonas que se encuentran alteradas en la obesidad. La experta profundizó también en las líneas de investigación  llevadas a cabo por este grupo sobre el papel de las hormonas gastrointestinales en el tratamiento de la obesidad, especialmente la grelina, la nesfatina y la urouganylina.
  • -Por su parte, el doctor José María Moreno, del Instituto de Investigación Biomédica de Girona (IDIBGI) hizo un repaso a los estudios más recientes que demuestran la importancia que tiene la microbiota en el eje de comunicación intestino-cerebro, destacando que su correcto funcionamiento es necesario para el control del balance energético y la prevención de la obesidad. También revisó el papel que tiene la microbiota en la neuroinflamación asociada a la obesidad.
  • -Respecto a la forma en la que la alimentación puede modular el funcionamiento de la microbiota, el doctor Pablo Hernández, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Rovira y Virgil de Reus (Tarragona) hizo un resumen de todo lo que se sabe hasta la fecha sobre la relación microbiota-nutrición, y explicó cómo esta interacción puede afectar a patologías cardiometabólicas como son la obesidad o la diabetes tipo 2. Entre las conclusiones arrojadas por su exposición destaca el papel que juega la nutrición como uno de los más potentes moduladores, tanto de la composición como de la función que desempeña la microbiota. Asimismo, se comentaron los grandes estudios que han permitido relacionar los patrones dietéticos con las bacterias de la microbiota y se plantearon los retos de futuro que tienen los especialistas de cara a comprender mejor la interacción entre la nutrición y la microbiota y el efecto que ambos elementos tienen en enfermedades como la obesidad o la diabetes tipo 2. 

 

FOTO: https://www.pexels.com/photo/woman-drinking-wine-761854/

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