El Parkinson de Neil Diamond

A finales del pasado mes de enero, el legendario cantante norteamericano Neil Diamond anunció a través de su página web que se veía obligado a abandonar la gira con la que estaba celebrando sus 50 años sobre los escenarios debido a que le ha sido diagnosticada la enfermedad de Parkinson. Esta patología, que afecta aproximadamente a una de cada 100 personas mayores de 60 años, es el segundo trastorno neurodegenerativo más prevalente, por detrás del Alzheimer, y se estima que afecta a unos 6,3 millones de personas a nivel mundial. Aunque se han producido muchos avances en los últimos tiempos, el Parkinson sigue siendo en gran medida un enigma para los especialistas. Estas son algunas de las señas de identidad de esta enfermedad que, al igual que  el intérprete de clásicos como “Sweet Caroline” o “Song, sung blue” también padecen otros famosos del espectáculo como Helen Mirren o Michael J. Fox:

1-Origen desconocido. La edad juega un papel determinante en su aparición (aunque uno de cada 5 casos  se diagnostica antes de los 50 años), pero las investigaciones han demostrado la implicación de otros factores como los ambientales, los posibles efectos del tabaco o los traumatismos craneales repetidos (muchos boxeadores, entre ellos Mohammed Alí,  han desarrollado la enfermedad). Los mayores avances en este sentido se han producido en el campo de la genética, con la identificación de una serie de mutaciones relacionadas con su aparición.

2-Temblores, movimientos lentos y otros síntomas característicos. Aunque los expertos señalan que no hay un perfil único de enfermo de Parkinson, ya que tanto la sintomatología como la evolución depende de cada paciente, sí que hay unos síntomas característicos con los que esta patología “da la cara”: la lentitud de movimientos, los temblores y la rigidez son los más típicos, y pueden ir acompañados de síntomas no motores como depresión, estreñimiento, alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse.

3-Un diagnóstico no siempre fácil. Uno de los principales “caballos de batalla” para los especialistas en Parkinson es el tiempo que transcurre desde que se manifiestan los síntomas hasta el diagnóstico definitivo, de ahí la importancia de que ante la sospecha de que una persona pueda padecer la enfermedad, ésta sea remitida lo antes posible al especialista. Tal y como se recoge en el “Libro Blanco del Parkinson en España. Aproximación, análisis y propuesta de futuro”, editado por la Federación Española de Parkinson (FEP), se estima que cuando la enfermedad se manifiesta a través del temblor, la consulta con el neurólogo suele ser más temprana que cuando lo hace con síntomas de torpeza motora o dolor.

4-Tratamiento: objetivo, mejorar la calidad de vida. Aunque todavía no se ha conseguido un tratamiento que prevenga la aparición del Parkinson y ralentice su progresión, los fármacos que se aplican a estos pacientes han demostrado su eficacia en el alivio de los síntomas y la mejora de la calidad de vida. Se trata fundamentalmente de fármacos dopaminérgicos, cuyo objetivo es suplir el déficit de dopamina (una sustancia secretada por las neuronas que es fundamental en el control de los movimientos corporales y que deja de producirse en estos pacientes). A medida que la enfermedad progresa, el tratamiento puede ser también quirúrgico (está indicado en estadios moderados-avanzados o cuando el tratamiento farmacológico no logra controlar los síntomas). Asimismo, se suele asociar a los fármacos y a la cirugía un tratamiento complementario que consiste en fisioterapia, terapias ocupacionales y del lenguaje y ejercicio físico, entre otros.

5-Perspectivas de futuro. La esperanza de vida depende de la edad; la media de duración de la enfermedad desde el diagnóstico es de 15 años, aunque muchos pacientes pueden llegar a vivir décadas con ella. Una mayor edad y la presencia de demencia son los dos factores principales asociados a una mayor tasa de mortalidad. En cuanto a los retos de futuro, los esfuerzos están centrados en detectar y diagnosticar la enfermedad lo antes posible y conseguir fármacos que retrasen su progresión y/o evolución. Las principales líneas de investigación en este sentido pasan por las células madre, la terapia génica, los biomarcadores y lograr terapias “a la carta” adaptadas a las características y la evolución de cada paciente.

 

Foto: http://www.neildiamond.com/news/

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