Cuatro motivos para echarte la siesta sin sentirte culpable

La coletilla que suele llevar incorporada la palabra siesta -“reparadora”- está absolutamente justificada. En efecto, numerosas investigaciones han avalado en los últimos tiempos los beneficios de “echar una cabezadita” no solo como estupendo un modo de resetearnos para afrontar el resto de la jornada, sino también para poner a punto el resto del organismo. Estas son algunas de esas razones por las que deberíamos dejar de sentirnos culpables por echar la siesta y, en vez de eso, incluirla en nuestra rutina diaria:

 

1-Rendirás mejor y te será más fácil concentrarte.  Para el psicólogo social James Maas, de la Universidad norteamericana de Cornell y una de las voces más reconocidas en el asesoramiento de empresas sobre los beneficios que el descanso tiene para el rendimiento de los trabajadores, a mitad de la jornada nuestros niveles de atención caen en picado y la única forma de recuperar unos niveles productivos es a través de una breve siesta. En la misma línea, científicos de la Universidad de Harvard analizaron las destrezas de memoria y aprendizaje de dos grupos de voluntarios y comprobaron que aquellos que dormían la siesta rendían mucho mejor, incrementaban sus habilidades y aumentaban su capacidad de concentración. Otro estudio, este publicado en la revista Sleep, analizó los efectos de la siesta sobre la memoria, llegando a la conclusión de que esta costumbre supone un estupendo refuerzo para la capacidad de memorizar y retener conceptos. Para los autores de estas investigaciones, a nivel cerebral, la siesta supone un “nuevo amanecer” tras un descanso profundo, lo que significa que tanto las neuronas como los neurotransmisores están de nuevo a pleno rendimiento.

2-Mantendrás tu peso a raya. Buenas noticias: el mito tan extendido de que “la siesta engorda” no solo no es cierto sino que su efecto sobre el peso puede ser justo el contrario. En efecto, varias investigaciones han demostrado cómo no dormir lo suficiente reduce los niveles en el organismo de leptina, la hormona segregada por las células grasas que regula el apetito (a niveles adecuados, favorece la sensación de saciedad) y aumenta los de grelina, una hormona cuyo exceso nos incita a comer más de la cuenta. En este sentido, la siesta supone una excelente oportunidad para regular ese desequilibrio hormonal asociado a un aumento del hambre y el apetito. Más alegrías para los “siesta-fans”: también se ha demostrado que el relax que produce esta pausa después de comer favorece el correcto funcionamiento del metabolismo y produce una relajación muscular que facilita que el aparato digestivo pueda llevar a cabo el proceso de digestión de una forma más eficaz.

3-Eliminarás más fácilmente el estrés y las tensiones.  Varios estudios han demostrado que los niveles de las hormonas de estrés son más bajos en aquellas personas que duermen regularmente la siesta, siendo incluso más efectiva en este sentido que otras técnicas de relajación. Así mismo, una investigación realizada por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard analizó hasta qué punto la práctica de la siesta reducía el estrés entre la población griega (esta costumbre es habitual en los países mediterráneos) y constató que los beneficios eran especialmente significativos en el caso de los trabajadores del sexo masculino, en los que el descenso de los niveles de estrés se traducía a su vez en una reducción de un 64 por ciento del riesgo de padecer una enfermedad cardiaca.

4-Te blindarás mejor frente al infarto. Descansar después de comer nos ayuda a relajarnos y reduce la tensión arterial, lo que a su vez beneficia al funcionamiento del corazón. De hecho, según los resultados de un artículo publicado hace un tiempo en Archives of Internal Medicine, las personas que duermen habitualmente la siesta reducen en un 37 por ciento su riesgo de padecer un enfermedad cardiaca, y las que lo hacen ocasionalmente tienen un riesgo un 12 por ciento menor respecto a las que nunca se echan la siesta. Pero hay más: adoptar esta costumbre parece ser totalmente imprescindible cuando estamos sometidos a periodos o situaciones de mucho estrés, tal y como demostró una investigación realizada en el Allegheny College de Pensilvania (EEUU) sobre un grupo de 85 universitarios. Los autores comprobaron que aquellos que dormían la siesta se recuperaban más rápidamente desde el punto de vista cardiovascular (regulaban su tensión y sus pulsaciones) cuando estaban sometidos a situaciones de estrés mental.

 

Photo by Drew Coffman on Unsplash

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