“Beber para olvidar” y otros errores etílicos que pueden costar caro

Durante estos días resulta difícil escapar de la “copa de Navidad”,  “fiesta de empresa” y otros compromisos, con lo que es habitual que en estas fechas aumentemos, casi sin quererlo, el consumo habitual de alcohol. Pero más allá de estos eventos, lo cierto es que tras el tipo de bebida elegido se pueden esconder otras motivaciones que es bueno controlar para no sufrir efectos indeseables (añadidos a la típica resaca). Así lo han demostrado los resultados de la Encuesta Global Sobre Drogas“, elaborada a partir de las respuestas de 30.000 personas de 21 países y publicada en la revista BMJ Open.

Según la encuesta, solemos elegir el tipo de bebida basándonos en el estado de ánimo que queremos lograr: por ejemplo, 2 de cada 5 encuestados que bebían en cerveza aseguraron que ésta les hace sentirse más seguros de sí mismos, mientras que la cuarta parte de los que optaban por el vino tinto dijeron encontrarse más atractivos sexualmente después de una copa.

En el caso de los licores fuertes (ginebra, whisky, ron, vodka…), tantos las motivaciones como los efectos son bastante distintos: el 60% de los que los bebían dijeron que les hacía sentirse revitalizados y seguros de sí mismos, pero también, casi un tercio reconoció una tendencia a mostrarse agresivos después de un trago o dos, frente al 2,5% de los que bebían vino y un poco menos del 7% de los que elegían la cerveza.

La razón está, según los autores de la investigación, en que los diferentes tipos de bebida actúan de forma distinta a nivel del cerebro y sobre las emociones. “El licor fuerte produce cambios más abruptos en el estado de ánimo y, además, se bebe más rápidamente y aporta unas concentraciones de alcohol mucho más altas. Esto se traduce en un efecto estimulante más rápido a medida que aumentan los niveles de alcohol en la sangre”, explica el doctor Mark Bellis, investigador del Servicio Nacional de Salud Pública de Gales.

“Además –continúa Bellis- estas bebidas también se suelen consumir en distintas situaciones sociales, de modo que las personas podrían beber licores de forma deliberada para sentir el efecto de la ebriedad rápidamente, mientras que otros tipos de bebida se suelen tomar lentamente o junto con la comida. Pero no hay que olvidar que a medida que se experimentan los efectos que producen unos mayores niveles de alcohol se reduce la capacidad del cerebro para suprimir los sentimientos impulsivos o valorar la consecuencia de nuestras acciones”.

Estos efectos son más evidentes en aquellas personas que beben en exceso: concretamente, tienen hasta 6 veces más probabilidades de sentirse agresivos, tristes y cansados después de beber, con lo que consiguen justo el efecto contrario al que buscaban.

En la misma línea, la doctora Karen Miotto, profesora clínica de Psiquiatría den la Universidad de California, en Los Ángeles (UCLA), advierte sobre la tentación de usar la bebida como “ansiolítico” frente al estrés navideño: “Los periodos festivos generan emociones tanto positivas como negativas, y beber es uno de los métodos a los que se recurre con frecuencia para afrontarlas, y también como un atajo para calmar la sensación de agobio que produce la perspectiva de tener una gran cantidad de cosas que hacer en tan poco tiempo. No hay nada malo en disfrutar y relajarse, pero siempre hay que escuchar al cuerpo y no perder el autodominio. Una resaca al día siguiente es un alto precio a pagar por una noche de alcohol sin límites”.

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