¡Aprovéchate del frío! 8 beneficios saludables de las temperaturas bajo cero

No todo son gripes, dolores de garganta y otros problemas asociados al invierno: el frío tiene también su “cara B” en forma de efectos muy saludables para el organismo.  Está demostrado que exponerse a las bajas temperaturas invernales o aplicar frío directamente sobre algunas zonas del cuerpo produce efectos tan beneficiosos como la activación de la circulación, el aumento de la energía o la aceleración del metabolismo, entre otros:

1-Ayuda a combatir el insomnio. La temperatura corporal aumenta y disminuye a lo largo del día, alcanzando por lo general su pico más alto a última hora de la tarde y su nivel más bajo al amanecer. En la mayoría de las personas, la temperatura va descendiendo a medida que se acerca la hora de dormir, lo que favorece que se concilie el sueño. Este reajuste natural parece no producirse de la misma manera en el caso de las personas que sufren insomnio, según se desprende de una investigación realizada en la Universidad de Adelaida(Australia) llevada a cabo por el doctor Cameron Van den Heuvel, quien comprobó que las personas con problemas de sueño presentaban durante la noche una temperatura corporal más alta que los que dormían a pierna suelta. En la misma línea, una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (EEUU) constató que en las personas que padecen insomnio, los lóbulos frontales del cerebro (una zona  directamente relacionada con la capacidad de planificación) registran una actividad mucho mayor, lo que puede impedirles conciliar el sueño. Los investigadores comprobaron que al bajar la temperatura de sus dormitorios, estas personas consiguen dormirse tan rápido como aquellas que no presentan esta característica cerebral.

2-Regula el funcionamiento de las hormonas. Está demostrado que las temperaturas ambientales bajas mejoran la secreción de la insulina, lo que supone un mejor control de la glucosa (y, por tanto, beneficia a las personas que padecen diabetes). El frío también afecta positivamente a la hormona del crecimiento (GH), la cual se activa por diversos estímulos, entre ellos el frío o el calor extremos, y como consecuencia de ello se activa a su vez la lipólisis (combustión de grasa por parte del organismo).

3-Todo un clásico: activa la circulación. No hay mejor “impulso energético” para la circulación sanguínea que el frío. Tal y como comenta el doctor Antonio Campo, dermatólogo de la AEDV (Academia Española de Dermatología y Venereologia), la vasoconstricción (reducción de la circulación inicial) y la posterior vasodilatación (aumento de la misma) que se produce al contacto con el frío ayuda a dinamizar la circulación en las zonas expuestas a él (un efecto muy utilizado, por ejemplo, en los países nórdicos en la combinación de sauna y ducha fría). Esta es la razón por la que este efecto del frío sobre la circulación repercute positivamente sobre los problemas relacionados con el correcto flujo sanguíneo, como las varices, mejorando sus síntomas (pesadez, hinchazón). 

4-Refuerza el sistema inmune. Paradójicamente, el frío, uno de los factores relacionados con gripes y resfriados, puede protegernos de estas dolencias. Esto es lo que se desprende de las investigaciones llevadas a cabo por el doctor Nikolai Shevchuk, de la Escuela de Medicina de la Universidad Commomwealth de Virginia (EEUU), que demostraron que tomar una ducha fría al día incrementa el número de leucocitos en el organismo, activando el sistema inmune y, también, estimula el sistema nervioso simpático, aumentando los niveles de beta-endorfinas en la sangre, sustancias que tienen un efecto antidepresivo.

5-Un estupendo antiinflamatorio. Los deportistas lo saben muy bien: nada mejor que la aplicación de frío local para aliviar el dolor de un golpe o contusión y evitar que se inflame. Y es que los músculos, las articulaciones y el aparato locomotor también se benefician de la exposición al frío. Su efecto es inmediato, disminuyendo la sintomatología de las lesiones (dolor, hinchazón, calor, enrojecimiento), evitando la formación de hematomas y, también, aliviando las molestias características de algunas enfermedades (degenerativas articulares, etc.).

6-Acelera la quema de calorías. Aunque sea lo que menos apetezca, salir a hacer ejercicio cuando hace frío es una opción con “recompensa”: numerosos estudios han demostrado que hacer deporte a bajas temperaturas aumenta significativamente el gasto de energía, un efecto que se mantiene incluso horas después de haber dejado de ejercitarse. Las bajas temperaturas suponen también la condición ideal para hacer running o, simplemente, salir a caminar. De hecho, los expertos recomiendan aprovechar la climatología invernal para dar largos paseos, sobre todo a aquellas personas que tienen problemas de circulación, y, a ser posible, favorecer la exposición directa del frío en las piernas: debido al efecto vasoconstrictor, la acción del frío en las extremidades al caminar contribuye a mejorar el retorno venoso, con lo que beneficio del “cold fitness” es doble.

7-“Despeja” la mente. La glucosa (azúcar en sangre) que circula por nuestro cuerpo juega un papel importante en nuestra agilidad mental y, también, ayuda a regular la temperatura corporal, de ahí que sea muy “sensible” para adaptarse a la climatología externa (ya se trate de frío o de calor). Según un artículo publicado en la revista de divulgación científica Scientific American, mientras que cuando las temperaturas son elevadas el cuerpo se ve forzado a producir más glucosa para mantener la mente despejada (todos sabemos que el calor “amodorrra”), este sobreesfuerzo no es necesario cuando hace frío, de ahí que capacidades mentales como, por ejemplo, la toma de decisiones, funcionen a pleno rendimiento.

8-Facilita la pérdida de grasa (y el adelgazamiento). En el organismo hay dos tipos de grasa: la blanca (la más habitual) y la parda, que produce calor y quema calorías. Este tipo de grasa es muy abundante en los bebés, ya que les permite regular su temperatura corporal, pero va desapareciendo poco a poco con la edad, aunque existe una “reserva” en los adultos. Según un estudio realizado por el profesor Paul Lee, endrocrinólogo del Instituto de Investigación Médica de Garvan (Australia), en individuos sanos sometidos a una temperatura de 19º C por la noche durante 4 meses, la grasa parda aumenta en un 40%  y, en consecuencia, mejora su peso y sus niveles de glucosa y su perfil lipídico es más favorable.  La explicación de este efecto está en que el frío acelera el metabolismo mediante la activación de los restos de grasa parda que quedan en algunas partes del cuerpo de los adultos (por ejemplo, en la zona cervical y supraclavicular). Esta grasa parda tiene la propiedad de quemar energía.

 

Foto: https://www.pexels.com/photo/woman-wearing-brown-coat-700535/

 

 

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