Genética o estilo de vida: ¿qué influye más en el riesgo de padecer un cáncer?

Herencia genética, estilo de vida y factores medioambientales: estos tres elementos están asociados al riesgo de padecer un cáncer, pero, ¿cuál de ellos tiene más relevancia? Antes de entrar a desarrollar la respuesta a esta pregunta, me parece interesante aclarar algunos conceptos. El primero es que, cuando hablamos de genes implicados en el cáncer, podemos decir que todos lo son, dado que en todos los tipos de tumor encontramos genes alterados o suprimidos que están implicados en su génesis. Un concepto muy diferente son los cánceres hereditarios, esto es, aquellos en los que se encuentra una mutación genética desde que el momento de nacer y que se transmite a la descendencia, lo que no necesariamente indica que en la persona que lo posee se presentará el tumor sino que la probabilidad de padecerlo es mayor que la que tienen los sujetos carentes de esta alteración molecular. Este tipo de tumores se estima que solamente son del 5 al 10%.

-Factores medioambientales. Respecto  a las causas medioambientales, señalar que se refieren a determinados tóxicos presentes en el medioambiente o en el ámbito laboral como puede ser el cromo, asbesto, radiaciones ionizantes y solares, determinados alimentos o bebidas como la carne roja y procesada o el alcohol; agentes infecciosos como el virus de la hepatitis B y C, el virus del papiloma humano (VPH) o la bacteria Helicobacter pylori (HP).

-Hábitos de vida. Centrándonos ya en la respuesta, y según datos recientes ofrecidos por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), hasta el 40% de los tumores se pueden evitar con hábitos de vida saludables, en primer lugar, no fumando ya que al tabaco se le atribuye nada más y nada menos que uno de cada 3 cánceres. En segundo lugar estaría el alcohol, que se situaría detrás de un 12%  de tumores. En tercer lugar se estima que un 9% de los cánceres se asocian a una dieta pobre en fruta y verdura y rica en carne roja, alimentos procesados, sal y grasas. Otro elemento a tener en cuenta es el sedentarismo, que se asocia tanto a la incidencia de algunos tumores como con la recidiva o progresión tras un primer tratamiento, como ocurre en el caso de los mamarios. Merece la pena destacar también en este apartado lo nocivo de la sobreexposición al sol, sobre todo en la infancia, una circunstancia que está ligada al desarrollo del melanoma, un tumor de piel frecuente y agresivo, no siempre bien cuantificado en los datos de incidencia y prevalencia.

Lugar de trabajo. En cuanto al ámbito laboral, es muy importante destacar el papel de los Servicios de Prevención en lo que se refiere a la evaluación de los riesgos de posibles agentes cancerígenos en el lugar de trabajo para poder, en primer lugar, minimizar la exposición, dotando a los trabajadores de equipos de protección individual adecuados y, en segundo lugar, vigilar la salud de los trabajadores a través de exámenes de salud iniciales y periódicos para de esta forma prevenir o detectar precozmente la aparición de posibles tumores ocupacionales, que serán catalogados de enfermedad profesional.

-Vacunas. En lo que se refiere a los agentes biológicos ya señalados, es importante vacunarse frente al VPH, no sólo las niñas sino también los niños; frente a la hepatitis B, una vacuna que ya lleva años en los calendarios de vacunación infantil, pero que debe extenderse a la población adulta de riesgo que no esté vacunada, y erradicar el HP del estómago de personas con gastritis crónica o úlcera ya que, si persiste, puede ocasionar un tipo de cáncer de estómago.

-Los más frecuentes. Datos recientes de la SEOM cifran en 228.000 nuevos diagnósticos de cáncer en nuestro país en el año 2017, de los cuales el mayor número (incluyendo ambos géneros) sería cáncer colorrectal, con 34.000 casos, seguido del cáncer de próstata en varones con 30.000 casos, y en tercer lugar el cáncer de pulmón, con 28.600 casos, en los que asciende de forma constante en los últimos años la afectación en mujeres. En cuarto lugar tenemos 26.300 casos de cáncer de mama, que corresponden a mujeres casi en su totalidad (se da también en el varón, aunque con muchísima menos frecuencia). En quinto lugar, con un notable descenso, se encuentran los tumores de vejiga con 14.600 casos, la mayoría de ellos asociados con el consumo de tabaco.

-Pruebas de secreening. Todas estas cifras nos llevan a resaltar la importancia de los screennings (pruebas de cribado) para estos tumores, que son efectivos y contrastados en los casos de cáncer de colon (con la determinación de sangre oculta en heces seguida o no de colonoscopia, según protocolos y riesgo individual). En el caso del cáncer de próstata, una prueba, la determinación del PSA, en varones, es útil pero se discute con frecuencia el sobrediagnóstico y sobretratamiento a que da lugar dicho análisis, por lo que debe ser bien personalizado y seguirse de biopsia en los casos positivos para que sea realmente útil. En cuanto al cáncer de pulmón, parece que las tomografías pulmonares en fumadores de alto riesgo consiguen reducir la mortalidad por dicho tumor.  Para el cáncer de mama, la mamografía está consolidada desde hace años, si bien se discute a qué edad comenzar y con qué periodicidad hacerla, dado que han aumentado en los últimos años los diagnósticos en mujeres jóvenes.

-Tumores hereditarios. Finalmente, y respecto a los tumores hereditarios (ya hemos señalado que no constituyen un gran porcentaje), comentar que en los oncogenes BRCA1 y 2, que elevan el riesgo de cáncer de mama y ovario en mujeres, se ha postulado como una opción la mastectomía preventiva (extirpación de la mama), un abordaje que quizás con un estricto control y seguimiento pueda ser suficiente. En general, para estos tumores hereditarios, lo único que podemos hacer es conocer si se posee esa mutación y recibir un consejo genético y vigilancia estrecha. Es este un aspecto en el que también hay cierta polémica en cuanto si esta opción resulta más beneficiosa que contraproducente, teniendo en cuenta la repercusión psicológica que pueda tener el hecho de conocer que se es portador de una mutación genética que eleva el riesgo de presentar un determinado tipo de cáncer.

Conclusión: la “pelota” de la prevención del cáncer está en el “tejado” de aquellas acciones que somos capaces de poner en marcha, es decir, de los cambios en el estilo de vida: buenos hábitos y controles médico, principalmente.

 

Dr. Javier Cotelo Vila. Especialista en Medicina del Trabajo

(Coordinador médico de Salus & Wellness)

 

Photo by Liane Metzler on Unsplash

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