Cómo ser más feliz: 6 pautas de los expertos para “entrenar” este sentimiento

Sin duda, no hay un sentimiento más compartido por toda la Humanidad que el deseo de ser feliz, tanto que en 2013, la ONU decidió establecer una fecha, el 20 de marzo, para conmemorar el papel que esta emoción desempeña en la salud, tanto física como psíquica, de todas las personas.  Es decir, que hoy es el Día Internacional de la Felicidad. Pero, ¿de qué depende ser o no ser felices?, ¿hasta qué punto se trata de un sentimiento que se puede autogestionar? Los expertos analizan algunas de las claves que propician este estado, independientemente de las circunstancias externas a las que cada uno esté sometido. Y es que no hay duda de que ser feliz siempre pasa por: a) una firme decisión y b) un intenso training. Ya se sabe: quien algo quiere, algo le cuesta:

1-DEJAR DE BUSCAR “AHÍ AFUERA”. Para el coach Carlos M. Fernández, autor del libro “El origen de la felicidad“, aunque es indudable que para poder ser feliz de manera habitual y disfrutar de una vida satisfactoria deben darse algunas circunstancias externas acordes a los propios objetivos y necesidades, es fundamental tener claro que el origen de una vida feliz está en el interior, en el propio cerebro y en la percepción que se tiene de la realidad. “La felicidad no es un objetivo que se deba buscar en el horizonte ni que se esconda en grandes logros o en acumular objetos”, explica.

2-SER REALISTA. Ya lo decía Francisco de Quevedo: “El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos“. Y es que es muy importante “tener los pies en el suelo”, pues, como explica el coach, experimentar placer o sentirse bien todo el tiempo es algo sencillamente imposible, por lo que entender la felicidad como la necesidad de estar con el ánimo en todo lo alto constantemente hace que ésta se convierta en algo inalcanzable: “La vida está llena de situaciones que están fuera de nuestro control y que, por lo tanto, debemos limitarnos a aceptar. Esta capacidad de asumir las cosas cuando no hay posibilidad de modificarlas es fundamental para poder ser feliz y sentirse bien de manera habitual. Todos pasamos por momentos difíciles, pero mientras a unas personas esos momentos las paralizan, otras se deciden a atravesar un periodo de duelo o dolor, por ejemplo, para después seguir adelante, cual ave fénix”.

3-IMPORTANTÍSIMO: TENER UN OBJETIVO. Aristóteles empleaba el término “eudaimonia“, que en griego significa “felicidad” para explicar la concepción qué él tenía de este sentimiento: una buena vida es aquella que tiene un sentido y un propósito. Muchos siglos después, los expertos siguen defendiendo la misma idea: “La capacidad de llegar a alcanzar objetivos está condicionada por la habilidad de sentirse capaz de lograrlos. Para cambiar y modificar nuestro entorno es necesario partir de una idea y conseguir que ésta sea el catalizador de una acción. Las nuevas acciones conllevan nuevos resultados y los nuevos resultados, una nueva vida“, dice Carlos M. Fernández, quien añade que “cuando una persona logra que sus pensamientos y, en definitiva, sus ideas, estén acordes a sus objetivos y le sirvan para verse capaz de alcanzarlos, tarde o temprano acabará generando esas circunstancias externas que le hagan mejorar su vida”.

4-FRENTE AL ESTRÉS, EL MODO “DES-PA-CI-TO”. Las prisas, la multiactividad y el ritmo que marca la sociedad actual y al que todos estamos expuestos en mayor o menor medida pueden actuar como uno de los principales saboteadores de la felicidad. En este sentido, el psicólogo Jesús Matos, autor del libro “Buenos días, alegría” comenta que “el estrés hace que muchas personas se comporten con un cierto descontrol, buscando recompensas rápidas, disparando su ansiedad y cayendo en el desánimo. Y cuando estamos estresados, tendemos a recurrir a hábitos ya instaurados: las personas que realizan ejercicio físico y comen de forma saludable se refugian en este tipo de prácticas, mientras que los que consumen alcohol, fuman o tienden a comer de forma inadecuada… hacen lo mismo. Estas recompensas inmediatas ayudan a aliviar el malestar a corto plazo, pero a la larga tienen efectos negativos. Es decir, suponen un refuerzo positivo por un lado (aumento del placer) y negativo por otro (disminución del malestar), pero ambos son efímeros. El problema es que el cerebro aprende con el corto plazo, por lo que si gestionamos nuestra ansiedad con recompensas inmediatas (alimentos no saludables, drogas, alcohol, compras compulsivas…) aprenderemos a reducir los niveles de ansiedad de forma equivocada”. Además de detectar y frenar esta tendencia a la “gratificación exprés”, Matos recomienda poner en marcha una serie de actitudes y gestos “ralentizantes” como estrategia para plantar cara a los efectos negativos del estrés: darse tiempo para rememorar episodios que nos hicieron felices; compartir los éxitos de nuestros conocidos, amigos o familiares; dialogar sobre hechos positivos con personas de nuestro entorno; intentar disminuir el vértigo de nuestro ritmo de vida; evitar hacer varias tareas a la vez; dedicar tiempo y “cariño” a las cosas… “En definitiva, saborear los momentos inolvidables de la vida”.

día de la felicidad5-ATREVERSE A IR “MÁS ALLÁ DE LA COTIDIANIDAD”. Poner en práctica la recomendación de “salir de la zona de confort”, tan de moda actualmente, es otra buena estrategia para alcanzar el bienestar. Meik Wiking, autor de los best seller “Hygge” y “Lykke” (Libros Cúpula) y director del Instituto Internacional de Estudios sobre la Felicidad, asocia esta actitud con lo que él denomina “entrenamiento del músculo de la empatía“. En su libro “Lykke“, el  experto recomienda algunas pautas para comprender mejor el comportamiento de otras personas: “Podemos ponernos en la piel de los demás leyendo algunas obras (“Matar a un ruiseñor“, “El Gran Gatsby“, “Las uvas de la ira”) y buscando contextos sociales diversos que nos permitan movernos más allá de nuestros círculos sociales habituales. Si escuchamos las historias de la gente es posible que nos demos cuenta de que podríamos haber tomado las mismas decisiones si hubiéramos vivido su vida en vez de la nuestra. No somos tan diferentes: todos tenemos puntos de partida distintos”.

6-INVERTIR EN EXPERIENCIAS (MEJOR QUE EN “CACHARROS”). En su libro, Meik Wiking hace alusión a los investigadores Elizabeth Dunn y Michael  Norton, dos de las voces más reconocidas en el estudio del bienestar emocional y según los cuales, si buscamos “comprar felicidad” es más sabio invertir en experiencias que en cosas: “Estudio tras estudio se ha demostrado que las personas tienen mejor estado de ánimo cuando reflexionan sobre sus compras experienciales, a las que describen como dinero bien gastado”. En efecto: cuando, para analizar el tipo de compras que han hecho con la intención de incrementar su felicidad, se les pide a los participantes en estas investigaciones, en primer lugar,  que comparen la adquisición de cosas tangibles (como, por ejemplo, un iPhone chapado en oro) y aquellas que han invertido en experiencias (un viaje) y, después, se les insta a que digan cuál les hizo más felices, el 57% elige la experiencia frente al 34% que opta por el objeto tangible.

 

FOTO: https://www.pexels.com/photo/yellow-plush-toy-160739/

 

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